jueves, 20 de septiembre de 2007

APARTES DE MI VIDA

Hace tiempo en un pueblo de Santander, llamado Sucre, nació una niña a quien llamaron ROSA HELENA. Dicen mis padres que mi niñez transcurrió en una época muy tranquila, rodeada de personas de muy buenas costumbres. Mis padres trabajaron en el Magisterio y por consiguiente los trasladaban a diferentes lugares. Trato de recordar mi infancia y llegan algunos recuerdos muy vagos, creo que tendría 3 años o tal vez cuatro.

Recuerdo que mis padres eran profesores en una escuela muy grande de corrededores inmensos, al menos eso creo. Al ir creciendo las anécdotas se iban quedando en mi memoria, por eso hoy recuerdo con más claridad alguna de esas aventuras que pase junto a mi hermano Hugo, quien fue el cómplice de mis innumerables juegos y travesuras. Citando alguna me refiero a la siguiente: una tarde nos mandaron hacer el mercado a la tienda, nos llevamos una cajetilla de fósforos para jugar a los cigarrillos,de pronto arrojamos la cerilla sin ninguna precaución era una época de verano el calor era sofocante; en instantes las llamas se alzaron, tratamos de apagarlas saltando sobre ellas pero fue imposible, el terror nos invadió y la única salida fue correr corrimos muy rápidamente sin mirar atrás, solo escuchábamos el sonido de la hierba y las hojas al quemarse, llegamos a la tienda miramos atrás y la impresión fue aterradora. La loma estaba totalmente quemada, el humo cubria ,gran parte de la vereda y ni siquiera podíamos ver la escuela donde nos esperaban mis padres. Tal vez eran las 4 cuando regresamos y teníamos que cruzar cerca , nunca contamos nada pero no teníamos tranquilidad, ver a todos los vecinos cargar agua, además hicieron una brecha para evitar que el fuego llegara hasta la casa del dueño, el incendio duro tres días; nadie debía saber que los hijos de los profesores provocaron tal desastre.
El campo era algo muy hermoso a pesar de que la vida allí priva al ser humano de muchas cosas, pero estoy segura de que eso no influía; recorríamos caminos sin importar si llovía o hacia sol; recuerdo muy bien la tienda donde teníamos que ir a comprar los víveres, muchas veces, encontrábamos serpientes, eso si nos llenaba de terror, teníamos que cruzar una quebrada y cuando llovía se crecía, la pasábamos con mucho cuidado, el puente era un palo de gran tamaño pero este se ponía liso y teníamos que ser muy cuidadosos.
El tiempo pasaba y así mismo crecíamos; mi mamá me enseño a leer. Cursé el primero con ella y con mi papá estudie hasta el cuarto año. De pronto un día mis padres comenzaron a empacar todo tendríamos que irnos de la escuela. Los trasladaron al pueblo y la vida dio un pequeño giro tuve que adaptarme a otros circunstancias, conocer nuevas personas fue un cambio favorable; una etapa mas en mi vida época en la cual experimente cambios no solo a mi alrededor sino como persona tenia otra visión otros intereses. Los amigos jugaron un rol muy importante, quizás esta fue la mejor época de mi vida, estar en el colegio, vivir nuevas experiencias.
Esos paseos de estudiante; recuerdo una salida que tuvimos, fue a una cueva; lo mas bonito del paseo era estar al lado de la persona que me gustaba. Las tardes en el pueblo transcurrían lentamente a veces nos reuníamos y salíamos a jugar básquet; era una vida muy tranquila, las ilusiones alimentaban el diario vivir. En el ultimo año de colegio viaje junto a mis compañeros de curso a la costa (Santa Marta, Barranquilla y Cartagena) esta si fue una experiencia inolvidable no solo por conocer el mar sino por marcar una nueva etapa en mi vida.

A finales de ese año me vine a vivir a Piedecuesta. Viví sola por un tiempo en la casa de mis padres. Trabaj
aba y estudiaba. Conocí una persona muy especial, alguien que lleno mi vida de ilusiones y fantasías. Había transcurrido un año cuando un día decidimos tomar un camino quizás el más largo de mi vida. Era un domingo cuando emprendimos ese viaje. Nos casamos una tarde en la notaria primera, después fue la ceremonia en la iglesia a la cual pertenecíamos. Pasaron unos meses y decidimos irnos a Bogota. Fue una época muy bonita. Alexander es pintor y entonces visitábamos museos, galerías. Vivíamos en función del arte. Después de cuatro años decidimos tener un hijo y el día 15 de septiembre llegó Camilo, trayendo con él, nuevas expectativas e ilusiones que llenaron mi vida, esto sucedió en la clínica El Bosque, casualmente ese mismo día vino al mundo el primer hijo de Robinsón Díaz y es por eso que aun conservó esta foto. Paso un año más y decidimos regresarnos a Piedecuesta. Luego viajamos a Medellín. Allí nos quedamos durante un año y nuevamente regresamos a Piedecuesta. Es entonces cuando llega mi segundo hijo a quien llamamos Manuel.
Han transcurrido 6 años desde entonces y quizás nunca acabaría de mencionar cada suceso. Son nuevas aventuras que mis hijos han traído a mi vida. Actualmente estoy separada de Alexander llevo una vida normal y en este momento inicio una nueva etapa, la cual debo culminar no solo por mi, sino por mis hijos, quienes son el motivo mas importante para seguir el camino que un día decidí tomar. Se que Dios esta conmigo y me dará las fuerzas necesarias para continuar y espero llegar al final en compañía de todos ustedes y que sea un motivo para celebrar.
HELENA MARIN DIAZ

1 comentario:

german chapeta dijo...

Historia interesante, pero incompleta 3,5